Autocensura


Que triste es no ver lo evidente, ella esta ahí, gritando con sonido sordo.
Que triste es esconder lo que hay y fingir lo que no existen.

Autocensura ha vivido siempre bajo la mirada atenta y severa de las personas que la rodean, esos ojos que la juzgas, desaprobando lo que hace y lo que omite.
Autocensura asistió a un colegio privado y severo, jamás uso rouge, ni faldas cortas. No ve televisión ni escucha música fuerte.
No es que le falte espontaneidad, sino que reprime cada uno de sus impulsos por costumbre, para agradar. Autocensura fue convencida de que todo lo que hace esta mal y esta desesperada por agradar, por parecer "bien"

La mayoría de las veces hay dos caminos: las que se revelan a sus fatales destinos y escapan de los prejuicios sociales y de aquellas miradas esclavizantes para vivir sus propias vidas y gritar le al mundo que se joda.
Pero también existen las miedosas, esas mujeres que tienen demasiado miedo. Aceptando su fatalidad como si su martirio fuese a cambiar el mundo, pensando equivocadamente que su reserva es un gesto increíble de bondad y altruismo.
Autocensura pasa sus ratos libres leyendo historias de amor en donde la protagonista es capaz de romper sus miedos y escapar con el amor de su vida (que obviamente era prohibido por su familia, la sociedad, la situación económica, etc) ella daría su vida por experimentar aquellas sensaciones que al parecer sólo están reservadas a amores épicos y mujeres dotadas por un espíritu indomable. Autocensura llora soñando en lo que no tiene, y vive resignada odiando lo que la rodea. Termina estudiando una carrera que detesta y de novia con un tarado subnormal que piensa que "romántico" es pasar el domingo viendo partidos de futbol en la tele.

Lamentablemente, lo que Autocensura no sabe, es que lo único que pierde es a si misma.


No más a la autocensura, no más de Jane Austen, o Emily Brontë, quienes se resignaron y vivieron a través de sus personajes. No más...