Love History

Sus pasos eran silenciados por la gruesa alfombra. Corría con los brazos extendidos por el pasillo.
Reía, daba pequeños saltitos. Se volteaba y sonreía.
Él corría detrás, dejándola gana. Jugaron a esconderse y a encontrase, en aquel hotel perdido entre las montañas.

Ella usaba el cabello largo y suelto, mientras que él hablaba un idioma que se parecía, pero no se entendían. No importaba, los niños rara vez hablan cuando juegan.

La nieve caía, los años pasaban. Y ellos corrían por los pasillos o jugaban cartas en los rincones. Un año ella se corto el cabello hasta los hombros y él cambio la voz. Se miraron y no se reconocieron. Se avergonzaron.
Se avergonzaron de sus correrías, de sacar el pan de la cocina, de cantar hasta la afonía. Se avergonzaron de aquel primer beso en la sala de juegos y las guerras de nieve.
Ya no eran niños.
Pero basto una sola sonrisa.

Así era como se encontraban todos los años, por tres meses en ese refugio de las montañas.
Ella seguía usando el pelo suelto, y él simula no conocerla. Así como simulan saludarse y dejar que sus amigos en común los presenten. Bailan separados en el salón y cuando se topaban en el ascensor comentaban el tiempo. Cordiales.
Hasta que terminaron por olvidarse, por la costumbre a simular.

Aveces sus miradas se encontraban y un nudo les apretaba el estomago. Ya no se escondían en las habitaciones para encontrarse, sino para ocultarse de si mismos.
Un año ella apareció con un jovencito de la mano. Él simulo no verla. Un amigo en común los presento, aquel incauto nunca supo que era la undécima vez que alguien los presentaba.
Al otro año él también llevaba a alguien para presentar y pasear. Ella comento el tiempo en el ascensor. Cordiales.

Un año ella no apareció, la siguiente temporada hubo sequía y el hotel no abrió.
Así pasaron tres temporadas en donde no hubo sentimientos simulados, ni miradas perdidas por la escalera, ni nadie que comentara los caprichos del clima en los ascensores.

Ya no eran niños.
Él se anotaba en la recepción. Ella bajaba riendo por la escalera. No se reconocieron.
Pero en lugares mágicos como aquellos, la risa y los recuerdos se impregnan en las paredes.
Esa noche la música inundó todos los rincones, la gente bailaba y brindaba.
Basto una sonrisa. Y bailaron. Como bailaron esa noche, borrachos de alegría corrieron por primera vez en años, y él la dejaba ganar. Así como ella dejo que la besara en la sala de juegos. Sus risas llegaban al cielo. Cielo que se reflejaba en esa laguna infinita.

Hasta que terminaron por olvidarse, por la costumbre a simular.
Hasta que llegó un mail, y basto una sola sonrisa...

1 ¿ecos?:

El Vecino de Socrates dijo...

it only love nicole :)


siga abrigándose... frio frio... resfrio abc1..


salud y exito


C.-