Adopta un Hermano


Los zapatos llenos de tierra. Sonrió. Abro una reja oxidada, vuelvo a sonreír...
Respiro. La reja se cierra detrás.
El sol de la tarde ilumina todo con esa luz amarillenta y mágica de las películas.
Los ruidos desaparecen.
Miro mis zapatos llenos de tierra y creo que voy a llorar.
Entonces levanto la mirada empañada y lo veo a él, al otro lado de la calle prendiendo un cigarrillo.
Sus zapatos están llenos de tierra y sus labios tiene la misma sonrisa. Me abraza.
Mis dedos se aprietan en su espalda. Me levanta en el aire y me gira. Reímos. Gritamos.
El ruido vuelve despacio, la luz desaparece de apoco.
Pero la magia de esos niños y sus miradas llenas de emociones no se borra con nada.
“son increíbles” me dice, yo asiento “todo esto vale la pena, cada segundo...” le digo que si, que son maravillosos, las palabras salen cortadas por la emoción.
Nos llaman, mas abajo por la misma calle viene el resto del grupo. Todos ellos con la misma sonrisa, el mismo sentimiento increíble, con los besos de esos niños en las mejillas, y un vuelva luego “tía”...

1 ¿ecos?:

Anónimo dijo...

Por naturaleza, uno cree...
Generalmente crees en las personas,
Pero lamentablemente siempre hay alguien que te defrauda, después crees en tus héroes, al rato, al pasar el tiempo, comienzas a idealizar, después te das cuenta que tu héroe no te favorece, con suerte te conoce... por alguna extraña razón sigues creyendo... derepente te gusta una persona, le crees, llegas a hacer tratos, pero no se cumplen, viene el recuerdo, vienen esas palabras que no te gustaron, ya no crees... pero nuevamente la naturaleza te lleva a creer... lamentablemente no es un ciclo, casi siempre se rompe, pq???, seguro que es por las rucias!